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sábado, 1 de diciembre de 2007

Arsenal construyó una hazaña y se acerca al sueño.

Arsenal se ganó un pedazo de la historia en pleno Azteca: contra todos los pronósticos, fue gigante ante el América candidato, se impuso 3-2 luego de estar dos veces en desventaja y ahora va por todo: como el gol de visitante vale doble, en la revancha le alcanzará hasta con perder 1-0 o 2-1 para obtener el primer título de su historia: esta Copa Sudamericana que lo tiene como impresionante revelación. Con la notable racha de haber ganado todos sus partidos como visitante incluida. Arsenal tenía claro lo prioritario en este viaje a la incómoda altura del Distrito Federal y al temido ambiente del Azteca: dejar abierta la serie para la revancha, que se jugará el miércoles en el Cilindro. Y para eso armó el plan: cuidados defensivos, recorte de espacios y aprovechamiento integral de la pelota detenida.El gol inicial de América, en su primera llegada, a los 5 minutos, resultó un golpe que condicionó ese plan. Jugada con desequilibrio desde la izquierda a través de Federico Insúa, centro, cabezazo en el segundo palo de Salvador Cabañas y uno a cero. Lo que siguió mostró la cara más desconcertada del equipo de Gustavo Alfaro en esta Sudamericana: acorralado, sin respuestas. Ape nas un remate de Andrés San Martín, desde muy lejos, sirvió como señal de vida. A esa altura, Arsenal sólo se sostenía en la constancia defensiva de Jossimar Mosquera y en la seguridad de SuperMario Cuenca. Parecía cuestión de tiempo que América ampliara su ventaja.Pero no. Desde el fondo de su peor momento, resucitó Arsenal. A los 31, tras una discutida infracción a Diego Villar, Javier Yacuzzi tiró un centro con zurda desde la derecha, en el segundo palo apareció Aníbal Matellán y consiguió lo imposible, además del 1-1: un minuto de silencio de esa furia por el América. El empate también tuvo efectos secundarios: sirvió como anestesia para el América, que -desde entonces y hasta el final del primer tiem po- ya no parecía tan voraz.Pareció pesarle el contorno y las circunstancias a Arsenal en el inicio del segundo tiempo. Se ubicó demasiado cerca de Cuenca y lo pagó: a los 10, con más de medio equipo metido dentro del área, Alejandro Argüello clavó un derechazo en el ángulo desde 25 metros. Pero otro vez, cuando todo indicaba que Arsenal volvería a tambalear, respondió del mejor de los modos: con un gol, con respuestas anímicas, con autoridad. Un minuto después del 2-1, un derechazo de Alejandro Gómez -tras un pase de José Luis Calderón- sirvió para reestablecer el empate y para reinstalar la sensación de agrado, allá en Sarandí, a orillas del Viaducto.Pero había más en la noche mágica. Otra vez apareció Gómez, quien con un cabezazo y mucha lucidez aprovechó un rechazo desprolijo de José Castro. Lo que siguió fue oficio y coraje para sostener el primer triunfo de un equipo argentino contra el América de visitante y para garantizar ese desenlace épico. Lo que parecía imposible, es ahora una certeza: Arsenal seduce a la gloria. Y el miércoles tiene una cita con ella...

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Beoss""""

micaela